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ARAÑAS (Cristo Ramírez)
El día se ha despojado de sus vestiduras de noche con cierto aire de nostálgico, el cielo turbio y una lluvia que lame
los cristales. Momentos de tristeza contenida acentuados por el sabor agridulce de la trompeta de Chet. Fuera, el
tráfico derruido y monótono que acompasa el latir de una ciudad que comienza a desperezarse de un sueñoy el sentimiento
aún deshabitado del comienzo de un nuevo día. Abrir los ojos para ver lo mismo, día tras día. En la memoria, el recuerdo
siempre latente de una ciudad a la que pertenecí, que me cautivó, que me maltrató... a veces. En el corazón, el
sentimiento de no pertenencia a ningún lugar, la tristeza de haber dejado atrás amigos y vivencias compartidas. Enciendo
el primer cigarro del día y el humo cautiva por un momento mi atención. Todo parece tan efímero. Sólo una mirada que se
posa sobre el tiempo. Una mirada. Una vez leí que solo se es eterno en el horror, pero no creo que la experiencia de un
dolor o placer extremos nos permita salir del tiempo, atravesar las fronteras de la temporalidad. Creo que la única forma
de eternidad posible, la única dimensión de lo eterno, se manifiesta en ese continuo fluir de los días en los que el
tiempo no tiene barreras precisas, claras, tangibles. Se es. Basta. Lo que fuimos en un pasado nos constituye como seres
anclados en el devenir, saltando por encima de fechas y calendarios. Lo que seremos se encuentra ya en ese yo atemporal
como un proyecto venido desde lo más remoto de nuestro ser. Cotidianeidad brutal. Tela de araña en la que quedamos
atrapados sin remedio. Sin esperanza. Las nubes se vuelven más pesadas, y la lluvia se hace más espesa, más monótona.
Una casa llena de recuerdos. Cómo dijo alguien: ropas lentas, fuegos, estufas, calores con que arropo mi soledad, y el
frío dentro de mí, como un jarrón venenoso, como una entraña inhóspita de mí mismo. Comienza un nuevo día que no sé cómo
terminar. Termina una etapa de mi vida que no sé cómo reanudar. Todo, todo vuelve a ser lo que no era.
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